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Catalogo tipológico de cuentos. Escuela Finlandesa.

Publicado 13/09/2013

La realización de un catalogo tipologico de cuentos es una titanica y vasta tarea que fue emprendida a inicios del siglo XX por la denominada Escuela Filandesa, estamos por decirlo de alguna manera ante el "google de los cuentos", un arduo y laborioso trabajo de recopilación de materiales y clasificación que si bien no aplica, en mi opinión, un criterio de clasificación muy certero e ilustrador acorde a lo que son los cuentos, si poseen la ventaja de ser un referente mundial, con la consiguiente facilitación de tareas que ello consigue a la hora de referenciar y homegeneizar criterios. Veamos algo de historia al respecto. Esta información es una selección de fragmentos de un articulo de Juan José Prat Ferrer en la Revista de Folklore de la Fundación Joaquín Díaz Nº 313, teneís la fuente original del texto integro aquí: http://www.funjdiaz.net/folklore/07ficha.cfm?id=2358   

 "FINLANDIA Y LOS ESTUDIOS COMPARADOS DE FOLKLORÍSTICA 

Los finlandeses escaparon del dominio sueco en 1809, pero cayeron bajo el ruso, y en esta tesitura temían perder su identidad. Como suele ocurrir en estos casos, se echó mano al folklore para reforzar los sentimientos nacionalistas. A esta época en que Finlandia fue un gran ducado de Rusia pertenece la obra de Kaarle Aksel Gottlund (1796–1875), que fue unos de los primeros en apuntar la idea de que los cantos folklóricos finlandeses podían constituir una epopeya nacional . A partir de entonces, los finlandeses de la Universidad de Helsinki se volcaron con entusiasmo en el estudio de su propio folklore como un modo de afirmación de su identidad nacional.

El médico y filólogo finlandés Elias Lönrøt (1802–1884) fue un coleccionista de baladas y cuentos populares una vez que tuvo en sus manos una cantidad considerable de material folklórico, que consistía sobre todo en cantos épicos sobre los héroes legendarios de Finlandia, se propuso unificarlos y publicarlos en una secuencia ordenada y con una estructura poética unificada. De esta labor nació el Kalevala (La tierra de los héroes). La primera edición es de 1835; en 1849 publicó una segunda edición corregida y aumentada. Así surgió la obra clave de la folklorística finlandesa. La traducción al alemán se publicó en 1852, con lo que el conocimiento de la obra muy pronto se expandió por Europa.

En el prólogo de su primera edición nos hace saber que los poemas sobre su héroe, Väinämöinen, son versiones facticias formadas de cinco o seis variantes, y que para hacer que los poemas encajaran se vio obligado a componer algunos versos de costura. Con todo esto pretendía recomponer lo que suponía que era un poema original antiguo que con el tiempo se había fragmentado y de este modo había sobrevivido en la tradición oral. Comparaba su labor a la de Homero, quien, al componer la Ilíada y la Odisea, había usado poemas de diversos dialectos.

Al estudiar los poemas épicos que habían servido de fuente a su maestro Elias Lönrøt para componer el Kalevala, el profesor de filología en Helsinki, Julius Leopold Krohn (1835–1888), constató el hecho de que las versiones de un mismo poema en comunidades lejanas entre sí diferían más que las de los poemas de comunidades cercanas. Esto significaba que, según los poemas migraban, cada comunidad los iba adaptando a su estilo poético. Así pues, para determinar la dirección de la difusión, se debía estudiar las variantes siguiendo un orden geográfico, de esta manera también se podría llegar a encontrar el lugar de origen e intentar reconstruir el texto original del poema. A Krohn no le importaba tanto el origen, sino el resultado; su visión no era la de que en la transmisión los textos se corrompen, sino todo lo contrario; en el caso de estos poemas, él consideraba que se enriquecían de dos maneras, una por expansión (los poemas se alargaban por medio de detalles y estructuras tomadas de otras composiciones) y otra por fusión (los poemas se combinaban entre sí para formar organismos más complejos).

LA ESCUELA FINLANDESA O HISTÓRICO–GEOGRÁFICA.

El “método histórico–geográfico” es esencialmente una técnica para el estudio de la difusión de los cuentos orales. No se puede emplear con éxito a menos que el cuento se halle presente en un número relativamente grande de versiones –cuantas más, mejor– y a menos que el cuento tenga la suficiente complejidad, como para permitir que se pueda dividir en componentes –motivos– para estudiarlos por separado.

De acuerdo con este método, las versiones literarias de un texto se catalogan cronológicamente y las orales geográficamente; las variantes se reducen a sus elementos constitutivos (personajes, acciones, objetos, números, etc.) y se examina cada elemento comparándolo con los demás, considerando la frecuencia de las variantes y su área de distribución geográfica. El material se va definiendo a través del tiempo y del espacio y va tomando características diferentes según se adapta a los diversos lugares y culturas. De este análisis se puede llegar a un arquetipo o versión original hipotética (tipo Ur), que en realidad es una versión facticia, cuyo origen cronológico y geográfico se puede deducir de los datos disponibles, es decir, al comparar las diversas versiones con la original; la región que produjera la versión más parecida al tipo Ur era declarada su lugar de origen. 

Los investigadores de esta escuela reflexionaron mucho sobre el proceso de comparación como método. De hecho, la comparación de los materiales ha sido el método más desarrollado y más usado en la folklorística, en especial en el estudio de los relatos, cuyas variantes aparecen en muchas culturas. Este tipo de investigación, basada en el análisis comparado, comenzado por el sabio investigador alemán Theodor Benfey (1809–1881), que veía en la India el origen de los relatos tradicionales, y continuado por el fundador de la escuela antropológica inglesa Edward Burnett Tylor (1832–1917), por su discípulo Andrew Lang, por el profesor de Oxford George Frazer, autor de la famosa Rama dorada, y por tantos otros, y es la base de una gran cantidad de estudios folklorísticos, no sólo dentro del método histórico–geográfico; hoy día no se concibe la definición de grupo o la de variante sin echar mano de la comparación.
En quince países diferentes que adoptaron este método de investigación se llegaron a crear sociedades, y las monografías que sus miembros producían fueron publicadas en Finlandia hasta 1919. Tras la Primera Guerra Mundial, muchas de estas sociedades comenzaron a desintegrarse. Quedó, sin embargo, la idea de la cooperación internacional entre los folklorólogos, una idea que daría sus frutos. En relación con esta orientación internacionalista, cabe añadir aquí que una de las razones que ayudaron a que el método finlandés tuviera tanta repercusión en los demás países es que los folklorólogos finlandeses, además de usar su propia lengua, publican sus estudios en alemán y, cada vez con mayor frecuencia, en inglés.

LA OBRA DE KAARLE KROHN 

Fue Kaarle Krohn (1863-1933), hijo y continuador de la obra de Julius Krohn, quien aplicó este método de trabajo al estudio del cuento. Su tesis doctoral de 1886, Bär (Wolf) und Fuchs: eine nordische Tiermärchenkette (El oso –lobo– y el zorro: Una cadena nórdica de cuentos de animales), versó sobre un grupo de cuentos del oso y el zorro muy conocidos en Finlandia y fue publicada en 1889 por el Journal de la Société Finno-Ougrienne. En este trabajo usaba la metodología que había empleado su padre para estudiar el Kalevala. Krohn intentó recoger y ordenar todas las variantes y someterlas a un riguroso análisis, teniendo en cuenta su origen geográfico. Era la primera vez que un erudito hacía un trabajo monográfico sobre un cuento. La conclusión a la que llegó Krohn era que el origen de estos cuentos no podía ser ni la India, ni Grecia, como había afirmado Benfey, sino la Europa nórdica. Lo que se podía y debía hacer con un cuento era aplicable a todos los demás. Este fue el inicio del método finlandés.

En Skandinavianisk Mythologi (1922), obra publicada en Helsinki, Kaarle Krohn formuló la llamada “ley de automigración”, que explica que los cuentos y leyendas se difunden sin necesidad de que la gente viaje, pues son los relatos los pasan de una persona a otra, sólo basta que cada una de ellas vaya hasta la casa de un amigo o pariente; tampoco son necesarios agentes históricos como los que señalaba Benfey para explicar la difusión de los cuentos desde la India. La automigración no conoce fronteras culturales o lingüísticas, ya que las regiones fronterizas suelen ser bilingües y en ellas se producen las traducciones y adaptaciones culturales de los relatos. Krohn publicó en Oslo la mejor obra sobre el método histórico–geográfico, Die folkloristiche Arbeitsmethode (El método de trabajo folklórico; 1926) 


La influencia de Kaarle Krohn en la folklorística europea fue decisiva. Durante cuarenta años, estudiosos del cuento europeos y americanos viajaron a Helsinki para conocer y beneficiarse de los consejos de quien consideraban el gran maestro del cuento folklórico. Krohn animó y ayudó a su discípulo Antti Aarne a que desarrollara un índice de relatos que permitiera un estudio general y comparativo de los cuentos. A la muerte de Aarne, esta labor fue continuada, también a instancias de Krohn, por el folklorólogo estadounidense Stith Thompson.

La escuela finlandesa demostró que aunque la forma cambie y un mismo relato pueda catalogarse en géneros diferentes, el argumento persiste, con lo que la forma de una versión tiene poca importancia para el estudio de un cuento particular; lo que interesa es el tipo al que pertenece, y no si se presenta como cuento, mito o leyenda. Las numerosas monografías que se produjeron durante el primer tercio del siglo XX permitieron que Kaarle Krohn, al final de su vida, y tras cincuenta años de labor, pudiera publicar una obra de síntesis sobre el cuento europeo, que tituló Übersicht über einige Resultate der Märchenforschung (1931). Sus conclusiones fueron que existían dos grandes centros de difusión de los relatos: la India y la Europa occidental. Encontró también que no se podía resolver la cuestión del origen de los relatos basándose sólo en la dependencia que los europeos tienen de los índicos, pues quedaba por determinar el papel desempeñado por Egipto y Mesopotamia.

La escuela histórico-geográfica ha tenido una larga vida en la folklorística hasta que el interés por los orígenes cesó y los estudios de tipo diacrónico se vieron reemplazados por los de tipo sincrónico, tal como también ocurrió con el paso de los estudios lingüísticos, que pasaron del análisis histórico a una dialectología en la que prima el análisis sincrónico y estructural; en palabras del folklorólogo escocés Alexander Fenton.

Mircea Eliade, haciéndose eco del folklorólogo holandés Jan de Vries, propone una valoración de la escuela finlandesa: 

Los eruditos escandinavos han proporcionado un trabajo preciso y considerable: han registrado y clasificado todas las variantes de un cuento, han tratado de reconstruir sus vías de difusión. Pero estas investigaciones formales y estadísticas no han resuelto ningún problema esencial. La escuela finlandesa ha creído poder llegar, por el minucioso camino de las variantes, a la “forma primordial” (Urform) de un cuento. Desgraciadamente, era una ilusión: en la mayoría de los casos, la Urform no era más que una de las múltiples “pre-formas” transmitidas hasta nosotros. Esta famosa “forma primordial” –que ha obsesionado a toda una generación de investigadores– no gozaba más que de una existencia hipotética.

LA CLASIFICACIÓN DE AARNE 

En los primeros años del siglo XX, el número de relatos publicados era, sin duda, ingente; el afán recolector continuó con fuerza durante las dos primeras décadas del siglo XX y duró, aunque con menos fuerza, hasta mediados de siglo. Tal cantidad de material muy pronto comenzó a ser un problema para los investigadores que se dedicaban a estudiar la relación entre las versiones de diferentes culturas, ya que era prácticamente imposible revisar lo publicado o acceder a la información de los archivos para constatar qué relatos se daban en qué lugares. Sin embargo, los folklorólogos se debían enfrentar a otro problema, el de la catalogación del material. Cada archivo tenía su propio catálogo. Lo ideal sería hacer un catálogo internacional del material recolectado de acuerdo a un método científico, clasificado en detalle y disponible para el análisis; así se podría conocer el contenido de las colecciones de forma rápida y eficaz.

En respuesta a estas necesidades, a instancias y con el apoyo de Kaarle Krohn, y con la ayuda de Oskar Hackman, Axel Olrik, Johannes Bolte, y Carl von Sydow, el investigador finlandés Antti Amatus Aarne (1867–1925) publicó en 1910 en las FFC el primer catálogo de tipos de cuentos con bibliografía titulado Verzeichnis der Märchentypen (Índice de los tipos de cuentos), que ha sido aceptado como el sistema estándar de catalogación. La colección de relatos del ruso Aleksandr Nikolaevich Afanasiev (1826–1871) titulada Narodnuiya russkiya skazki (Cuentos populares rusos; compilada en 1855 y publicada en tres tomos entre 1936 y 1940) inspiró a Aarne en el orden de sus tipos de relatos, de hecho, el orden de Afanasiev es idéntico al de los tipos de Aarne: cuentos de animales, cuentos maravillosos y cuentos de la vida cotidiana. También trabajó usando el corpus de cuentos folklóricos de Karelia y Finlandia, las clasificaciones de Svend Grundtvig (1783–1872)  de cuentos daneses y la famosa colección Kinder– und Hausmärchen (Cuentos infantiles y del hogar) de los hermanos Grimm. Dividió el cuento en subgéneros: cuentos de animales, maravillosos, relatos cortos y chistes; tras esto clasificó los argumentos por tipos y les asignó un código numérico a cada tipo. Tras este índice, realizó varios estudios monográficos usando el método histórico –geográfico.

Por medio del sistema de numeración de Aarne se podían catalogar variantes y buscar las que presentaban otras colecciones. En realidad, este trabajo ya se había iniciado con las recolecciones escandinavas y germánicas. Aarne aprovechó para su catálogo el rico material estonio que estuvo depositado en Helsinki durante varios años; este material estaba compuesto por la colección de cuentos de Estonia del clérigo y lingüista de la universidad de Helsinki, Jakob Hurt (1839–1907), y del también profesor de folklorística en la Universidad de Tartu Matthias Johann Eisen (1857–1934), los trabajos del primer profesor de folklorística comparada de la Universidad de Tartu (Estonia), el bielorruso de familia alemana, Walter Anderson (1885–1962), y los del lingüista y primer director de los archivos folklóricos de Estonia Oskar Loorits (1890–1961).

Enseguida el catálogo se amplió con aportaciones del resto de Europa y de la India. Ejemplo de ello es el folklorólogo finlandés Oskar Hackman (1868–1922), quien estudió el relato de Polifemo en la Odisea y su relación con los cuentos del ogro estúpido en Die Polyphemsage in der Volksüberlieferung (El relato de Polifemo en la tradición popular; 1904), publicado en Helsinki. Llegó a reunir ciento setenta versiones del cuento de Polifemo y de “Nadie”. Muy pronto el índice de Aarne se quedó corto; si bien servía de ayuda para las investigaciones, los propios investigadores empezaron a sugerir que se añadieran al catálogo nuevos tipos de cuentos que iban encontrando en sus trabajos de campo. Fue el folklorólogo estadounidense Stith Thompson el encargado de ampliar el catálogo para incluir todas las sugerencias que se fueron haciendo según avanzaba la investigación, y aún así se tuvieron que publicar estudios sobre tipos locales. Nikolai Petrovi_ Andreev (1864–d. 1897) publicó en Leningrado Ukazatel’ Skazo_nich Sjuzhetov po Systeme Aarne (1929); también publicó un par de monografías sobre leyendas religiosas populares, Die Legende von den zwei Erzsündern (La leyenda de los dos pecadores; 1924) y Die Legende von Räuber Madej (La leyenda de Madej, el ladrón; 1927). Después se añadieron estudios sobre tipos rumanos, húngaros, islandeses y valones, prusianos y lituanos, publicados muchos de ellos en la serie Folklore Fellows Communications de la Academia Finlandesa de las Ciencias. Quizá el catálogo más amplio haya sido el que Paul Delarue y Marie-Louise Tenèze han realizado y publicado con el título Le conte populaire français (El cuento popular francés; 1957–1985).

LAS CLASIFICACIONES DE THOMPSON 

Stith Thompson (1885–1976), profesor de la Universidad de Indiana y uno de los folklorólogos más importantes de Estados Unidos, fue autor, coautor y editor de muchas e importantes obras. En Berkeley estudió con Walter Morris Hart; luego ganó una beca para estudiar en Harvard con George Lyman Kittredge (1860–1941). Enseñó en la Universidad de Texas en Austin, donde trabó amistado con otro alumno de Hart, John A. Lomax, y durante treinta y cuatro años fue profesor de la Universidad de Indiana en Bloomington.

Stith Thompson comenzó su carrera estudiando los relatos de los indígenas de Norteamérica y su relación con los europeos. En “European Tales Among the North American Indians” (47) (1919), se fijó en la difusión de elementos extraños a las tradiciones indígenas; en Tales of the American Indians (1929) clasificó los cuentos de acuerdo al sistema europeo y analizó los elementos autóctonos.

A pesar de las críticas negativas que recibió el método histórico–geográfico, este método comparativo seguía utilizándose. En Noruega, Reidar Christiansen desarrolló una extensión del índice de tipos para clasificar las leyendas históricas y pseudo–históricas migratorias de su país. Anti Aarne había muerto en 1923 sin haber podido revisar su tipología de los cuentos, y para esa fecha se habían hecho tantas sugerencias para que se añadieran nuevos tipos de relatos al Índice, que Krohn buscaba a alguien que pudiera llevar a cabo una revisión del Verzeichnis der Märchentypen. En 1924 Archer Taylor viajó a Finlandia llevando consigo un manuscrito de Stith Thompson sobre un índice de motivos del relato folklórico. Kaarle Krohn lo leyó y quedó impresionado por el trabajo. Krohn sugirió que Thompson se hiciera cargo de la revisión. Entre 1926 y 1927 Thompson viajó a Europa, se entrevistó con Krohn, aceptó el reto, y entre ambos sentaron las bases para el trabajo. Con la ayuda del propio Krohn y de Bolte, con quienes se reunió en Copenhague, y de otros, en 1928 publicó The Types of the Folktale (Los tipos de los cuentos populares). Thompson respetó la organización de Aarne y añadió todas las sugerencias que se le hicieron, pero diferenciando claramente las más universales de las que sólo tenían interés local, que relegó a una lista suplementaria. Incluyó también relatos literarios que se habían convertido en parte de la tradición popular, en especial, los cuentos de hadas franceses. En esta revisión usó como referencia, además, la numeración de los cuentos de los Grimm, de Grundtvig y de todos los estudios narratológicos de la escuela finlandesa, incluso los hechos sobre los indios norteamericanos y las versiones recogidas en África. La clasificación Aarne –Thompson comprende dos mil trescientos cuarenta tipos de cuentos repartidos en cuatro categorías: cuentos de animales, cuentos propiamente dichos (maravillosos y religiosos), cuentos cómicos, y cuentos de fórmula: 

Thompson da el texto de referencia de cada tipo seguido de una secuenciación narrativa y de una lista de todas las versiones utilizadas, con el inventario de sus motivos. A cada cuento se añade un comentario. Gracias a este trabajo, se han podido realizar estudios comparativos de cuentos y componer catálogos nacionales unificados según un criterio internacional. Este catálogo ha servido para que todo el material guardado en archivos, en manuscritos y en diferentes lenguas y dialectos pueda ser referenciado bajo un sistema uniforme, y así el investigador pueda acceder con más facilidad a la información sobre el material que se guarda en las diversas colecciones. Thompson volvió a revisar la obra en 1961, con lo que en la segunda mitad del siglo XX el catálogo se había expandido para incorporar el material investigado hasta la fecha.

Pero la mayor contribución de Thompson a la disciplina fue su clasificación de los motivos en los cuentos populares, una obra de seis tomos titulada Motif–Index of Folk-Literature (Índice de motivos de la literatura folklórica) que le llevó más de diez años de trabajo. En esta completísima obra incluyó motivos de tradiciones antiguas y modernas, europeas, asiáticas, africanas y americanas, procedentes de cuentos, mitos, leyendas y otros géneros de relatos. El propósito era práctico: servir de instrumento para los estudios comparativos de la escuela histórico–geográfica. . Thompson desarrolló un sistema de clasificación similar al que la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos usa para sus libros, sistema abierto que permite una expansión indefinida. Thompson divide los motivos en tres clases: personajes, elementos de fondo (objetos, costumbres y creencias) e incidentes. Estos últimos pueden existir por separado y constituir por sí mismos un relato simple.

El índice se organiza de acuerdo a las siguientes categorías: A = creación; B = animales; C = lo prohibido, compulsiones; D = lo mágico; E = muertos; F = seres maravillosos; G = seres horribles; H = pruebas; J = inteligencia; K = mentiras; L = rueda de la fortuna; M = regateos, promesas, juicios; N = suerte; P = sistemas sociales y costumbres; Q = permisos y castigos; R = cautivos y fugitivos; S = crueldad; T = sexo; U = homilías; V = religión, objetos religiosos; W = incidentes humorísticos; Z = miscelánea. El índice de motivos de Stith Thompson ha sido un gran instrumento de análisis para los investigadores de la narrativa folklórica. Se centra mucho más en la tradición nórdica y protestante que en la mediterránea, griega y ortodoxa, o latina y católica. El argumento de un cuento se puede reconstruir siguiendo la cadena de motivos. Esta obra, al contrario del índice de tipos, no presupone la idea de monogénesis ni la de difusión; para Thompson, la monogénesis llevada al extremo es errónea, ya que muchos elementos sencillos idénticos pueden haber surgido en culturas diferentes e inconexas; además los motivos pueden proceder no sólo de otros relatos, sino también de costumbres, ritos y creencias

Thompson señaló también que aunque los estudiosos se han esforzado por diferenciar los relatos y dividirlos en categorías para su estudio, estas son preocupaciones que han estado siempre muy lejos de las personas que practican el arte de contar. Aunque nos ofreció su clasificación de los relatos, también nos explicó que las distinciones que se hacen de estos géneros no son categorías estáticas que sirvan para todas las culturas; de hecho, la nomenclatura que se usa en los diversos idiomas europeos muestra que las palabras varían en cuanto a la extensión de su significado: Märchen (alemán), eventyr (noruego), saga (sueco), skazca (ruso), fairy tale (inglés), fiaba (italiano) o conte populaire (francés) no son palabras que signifiquen exactamente lo mismo. La función y validez de las clasificaciones es, ante todo, práctica.



El fallo del método de estudio de los cuentos instituido por Krohn y Aarne consistía […] en la circunstancia de que la vida y las leyes del cuento no habían sido suficientemente exploradas. La carencia de conocimiento sobre estas cuestiones debía reemplazarse con hipótesis de trabajo que después se demostraba que eran falsas. El punto de vista de la herencia, que es indispensable, ya que los cuentos no sólo se han diseminado a otros lugares, sino que también se han heredado por miles de años, se ha perdido, mientras que el concepto de migración introducido por Benfey ha sido el único punto de vista prevalente. Esto debe considerarse un ejemplo grave de partidismo (64).

Sydow no podía aceptar las conclusiones de Benfey: de la migración de cuentos literarios no se puede concluir nada en folklorística sobre la tradición oral, cuyo comportamiento ha sido bien diferente. Pero fue precisamente este concepto de migración el que más había influido, y los eruditos acababan construyendo teorías sobre migración de relatos sin ninguna base real. Se oponía a la idea de que el trabajo de la folklorística se basara en el método histórico–geográfico, que la mayoría de las veces trabajaba tan sólo con extractos de los cuentos, lo que alejaba al investigador del material que investigaba y de su contexto vivo; él prefería estudiar la vida de los relatos.

La obra de Carl von Sydow representa, pues, un cambio en la investigación folklorística nórdica al alejarse de la colección de datos para fijarse más en los procesos y categorías (65).

A pesar de sus carencias, todavía en la segunda mitad del siglo XX se continuó utilizando el método comparativo propuesto por la escuela finlandesa, no ya para centrarse en la búsqueda de los orígenes y distribución, sino para estudiar el por qué de la estabilidad interna de ciertos relatos, cuyas estructuras básicas se mantienen intactas durante siglos. 


LA CLASIFICACIÓN DE UTHER 

En la segunda mitad del siglo XX se cuestionaba la forma tradicional de clasificar los cuentos y los motivos. El profesor de folklorística de la Universidad de Berkeley, Alan Dundes (1934–2005), en su artículo “Toward a Structural Definition of the Riddle” opina que no están organizados correctamente, ya que hay tipos que se consideran muy diferentes, por los personajes, mientras que estructuralmente son iguales. Aducía también que el mayor problema del Índice de motivos es que colecciona rasgos superficiales descontextualizados.

En 2004 el profesor de literatura alemana de la Universidad Duisburg-Essen Hans-Jörg Uther, conocido por su trabajo como editor de la Enzyklopädie des Märchens (Enciclopedia de los cuentos), volvió a revisar el catálogo iniciado por Aarne y continuado por Thompson en los tres tomos de la obra titulada The Types of International Folktales:A Classification and Bibliography (Los tipos de los cuentos populares internacionales: Clasificación y bibliografía), publicada en Helsinki por la Academia de las Ciencias de Finlandia. La clasificación de Uther es más manejable que las anteriores, aunque con sus más de mil cuatrocientas páginas sobrepase el doble de páginas de la obra de Thompson, de unas seiscientas.

Uther tuvo en cuenta las objeciones y críticas que se habían hecho a los anteriores catálogos sin abandonar los principios de estudio comparativo histórico –geográfico que rigen esta obra. En la introducción a su catálogo, Uther nos muestra las principales críticas a las que se enfrentó: la primera hace referencia a que una clasificación científica es imposible en la realidad de las tradiciones, ya que esto implicaría un esquema exacto que no se da en los productos culturales humanos; otra crítica se refería a la inconsistencia que supone clasificar los géneros según los personajes, pues este tipo de clasificación no tiene coherencia estructural ni temática. Por otra parte, la escuela finlandesa se había concentrado en la tradición oral decimonónica, relegando la tradición escrita a un segundo lugar y no prestando la debida atención a formas más antiguas de los relatos. A pesar de su pretensión de ser un catálogo internacional, la labor de Aarne y de Thompson se había concentrado en la tradición europea, y en esta, las culturas quedaban representadas de manera desigual. Las descripciones de los tipos eran demasiado breves, imprecisas y centradas en los personajes masculinos. Estos catálogos no eran generosos con sus referencias bibliográficas a trabajos eruditos sobre la materia. Las referencias a variantes se basaban sobre todo en archivos de difícil acceso o en colecciones antiguas, sin significar a menudo las nuevas.

Uther intentó paliar las carencias de varias formas; amplió las descripciones de los argumentos, en algunos casos las reescribió por completo; redujo las de los motivos. Introdujo más de doscientos cincuenta nuevos tipos; incluyó las de los cuentos obscenos, y dio mayor peso a los personajes femeninos. Suprimió las referencias a tipos limitados a un solo grupo étnico a menos de que hayan alcanzado una distribución histórica o geográfica significativa. Incluyó las investigaciones hechas sobre cuentística folklórica hasta 2003, y puso al día el sistema de referencia, dando mayor importancia a las colecciones contemporáneas y abandonando las que los anteriores hacían a colecciones que han quedado anticuadas y a archivos de difícil acceso.

A pesar de los deseos de algunos de que exista un catálogo verdaderamente científico, Uther considera que un catálogo de cuentos no es más que un constructo intelectual; frente a los que hacían consideraciones semánticas, él piensa que sólo se puede hacer un acercamiento estructural a la catalogación de los cuentos y que sea de una amplitud tal que permita la inclusión de variantes, anotando la imposibilidad de señalar la función o significado de los relatos en una obra de este tipo."


REVISTA DE FOLKLORE
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Fundación Joaquín Díaz

Domingo, 08 de Septiembre de 2013

Nota: El indice de motivos de Thompson se puede encontrar en ingles, aquí: http://www.ruthenia.ru/folklore/thompson/

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